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La preocupación crece entre las pequeñas y medianas empresas de la región, pero los datos muestran que todavía existe una distancia importante entre reconocer el riesgo y estar preparados para enfrentarlo.
Las pequeñas y medianas empresas de Sudamérica están poniendo la ciberseguridad cada vez más en el centro de sus prioridades. No es para menos: aunque los grandes grupos empresariales suelen ser vistos como los principales objetivos de los delincuentes digitales, las pymes también se han convertido en un blanco atractivo debido, entre otros factores, a sus limitaciones en infraestructura y personal especializado.
Un estudio citado por ASUS muestra que el 27% de las pymes sudamericanas considera que tiene mucha más probabilidad de ser víctima de un ciberataque que una gran empresa, el porcentaje más alto entre las regiones comparadas. La cifra supera al 20% registrado en Norteamérica y contrasta con una realidad que sigue siendo preocupante: a nivel global, el 28% de las pymes afirma haber experimentado un ataque.

En Sudamérica, por su parte, el 21% de las pequeñas y medianas empresas consultadas reporta haber sufrido este tipo de incidentes. El dato deja sobre la mesa una situación que ya no parece exclusiva de las grandes compañías: para una pyme, un ataque puede significar desde la pérdida de información y la interrupción de operaciones hasta afectaciones económicas y daños en la confianza de sus clientes.
El problema aparece cuando se compara esa percepción del riesgo con las medidas que realmente están tomando las empresas. A nivel global, apenas el 40% de las organizaciones se considera muy proactiva frente a amenazas como hackeos y filtraciones de datos. En Sudamérica, la proporción cae al 33%.
Esto significa que reconocer el peligro no necesariamente se traduce en estar preparado para enfrentarlo. De hecho, el 27% de los encuestados se mantiene inseguro o neutral cuando evalúa la solidez de sus mecanismos de protección. Para muchas pymes, especialmente aquellas que no cuentan con departamentos de tecnología robustos, depender exclusivamente de la intervención de un empleado para detectar una amenaza puede convertirse en una vulnerabilidad.
Perú, Colombia y Chile muestran tres caras del problema
Los resultados también permiten observar diferencias entre algunos de los principales mercados de la región. Perú presenta uno de los datos más llamativos: el 26,67% de las pymes consultadas asegura haber sufrido un ciberataque, la mayor incidencia entre los países mencionados. Sin embargo, el 73,33% de estas empresas manifiesta sentirse bastante segura frente a este tipo de amenazas.
Esa aparente contradicción plantea una pregunta importante: ¿qué tan preparada está una empresa si confía en que sus sistemas son seguros, pero al mismo tiempo ya ha experimentado un ataque?
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En Colombia, la respuesta parece estar tomando un camino más orientado hacia la gestión. El 51,49% de los responsables de tomar decisiones en las pymes realizó durante el último año actividades relacionadas con cumplimiento normativo y seguridad. Además, el 31,68% considera que su empresa tiene una mayor probabilidad de convertirse en objetivo de un ataque que una compañía grande.
Chile, en cambio, muestra un interés particular por el papel que puede desempeñar la inteligencia artificial. Para el 43% de las pymes chilenas, uno de los principales beneficios de incorporar IA es precisamente fortalecer los mecanismos de seguridad y prevenir fallos. La tecnología comienza así a pasar de ser una herramienta asociada únicamente con productividad o automatización a convertirse también en una capa de defensa.
Del antivirus tradicional a una protección más automatizada
En este escenario, ASUS plantea ExpertGuardian como una alternativa de seguridad integrada en sus equipos ASUS ExpertBook, especialmente pensada para compañías que necesitan proteger información y dispositivos sin tener que construir una infraestructura tecnológica demasiado compleja.
La propuesta combina diferentes mecanismos de protección. Entre ellos está la detección y registro de manipulaciones del firmware, además de una función de recuperación automática del BIOS que puede restaurar el sistema cuando identifica una amenaza de malware.
También existe una respuesta pensada para escenarios en los que el equipo puede ser robado o comprometido. Las capacidades de protección y limpieza remota de datos permiten a los responsables de TI bloquear o eliminar información crítica a distancia, reduciendo el riesgo de que los datos terminen en manos equivocadas.
Este tipo de herramientas cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que las pymes que no cuentan con equipos de TI dedicados presentan mayores dificultades para mantener actualizados sus sistemas. Según los datos proporcionados por ASUS, el 74% de estas empresas es menos propenso a actualizar sus sistemas operativos.
La apuesta, entonces, no consiste únicamente en detectar un ataque cuando ya ocurrió. La tendencia apunta a que la IA, la automatización y la seguridad integrada en el hardware trabajen de manera preventiva, reduciendo la cantidad de decisiones que una empresa debe tomar manualmente cuando enfrenta una amenaza.
Para las pymes sudamericanas, el reto será convertir la preocupación en acciones concretas. Tener claro que existe un riesgo es apenas el primer paso. El verdadero desafío está en contar con herramientas capaces de detectar, responder y recuperarse antes de que un incidente digital termine afectando la operación del negocio.
En una región donde las pequeñas y medianas empresas representan buena parte del tejido empresarial, fortalecer esa primera línea de defensa puede marcar la diferencia entre enfrentar un intento de ataque como un incidente controlable o convertirlo en una crisis que termine golpeando directamente al negocio.
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